En los acuerdos de Yalta, firmados en
1945, se decidió que los países
ocupados por el Ejército Rojo para
repeler el avance del nazismo,
celebrarían votaciones para elegir
libremente a sus gobernantes.
Las votaciones se efectuaron
y, con el apoyo de los
campesinos y la pequeña
burguesía de cada nación, se
inclinaron a favor de la
formación de partidos
democráticos.
Esta decisión no agrado a Stalin,
éste se movilizó e impuso su
autoridad, el culto a su persona, la
eliminación de sus opositores y el
establecimiento de partidos únicos
y títeres de la burocracia sovietica.
A esos regímenes se les llamó democracias
populares, en realidad fueron gobiernos
dictatoriales satélites de la URSS. En ellos,
sus estados dirigieron una planificación
económica similar a la estalinista, basada
en planes quinquenales.