- El aparato mucociliar está constituido por glándulas mucosas y células ciliadas que envuelven todo el árbol respiratorio, desde la laringe hasta los bronquios. Las paredes internas de estos órganos están cubiertas por un moco viscoso, segregado por glándulas mucosas específicas. Las pequeñas partículas que no han quedado atrapadas por la barrera formada por los pelos nasales son atraídas, por medio de fuerzas electrostáticas, hacia el moco, donde quedan retenidas. El moco, con su carga de agentes nocivos retenidos, es transportado por un sistema de cilios situados debajo de la capa de mucosidad que, con su movimiento, desplazan el moco en la dirección de las vías respiratorias superiores, donde será expulsado posteriormente, a través de la nariz y la boca. Cuando nos sonamos o deglutimos el moco, en realidad estamos ayudando al aparato respiratorio a librarse de sustancias y "huéspedes" no deseados que pueden ser perjudiciales para la salud.
- La tos y los estornudos son mecanismos de emergencia que actúan siempre que entran en el organismo partículas demasiado grandes como para ser eliminadas por el aparato mucociliar. En este caso, el organismo reacciona a través de la estimulación de receptores nerviosos específicos que expulsan un gran volumen de aire a gran velocidad (que puede superar los 300 km/h), y con él el cuerpo extraño que desencadenó la respuesta del organismo.
La tos también puede aparecer cuando, debido a infecciones u otras afecciones respiratorias, se desarrolla un exceso de moco (hipersecreción) que dificulta la acción de los cilios para su eliminación. En este caso, el moco se mueve de forma más lenta (estasis mucociliar), lo que permite que los virus y las bacterias tengan tiempo para reproducirse y propagarse, y producir una infección o una nueva infección por otro agente (sobreinfección). La hipersecreción de moco puede estimular los receptores de la tos existentes en el árbol bronquial y producir tos.